Se adentró en el jardín
bajo cúpula de estrellas,
respiró los vapores
de la tierra mojada.
Percibió a sus espaldas
masculina presencia,
y un rubor de amapolas
tapizó sus mejillas.
Palpitó de antemano
tempestades carnales,
empapó su figura
el pensamiento prohibido.
Se han abierto sus labios
a favor del encuentro,
y en la bruma del parque,
sobre un manto de trébol
se acelera el anhelo,
se arrebata por verlo,
se derrama en los brazos
de ese hombre deseado,
y se entrega en silencio...
Mirar, leer y escuchar...
sábado, 24 de julio de 2010
jueves, 22 de julio de 2010
Ellas
Cuerpos dorados
Están enlazados,
están encajados,
mezcladas sus pieles
doradas de mieles.
Están derramados,
fundidos en uno,
amorfas sus carnes,
quebradas sus partes.
Los veo tocarse,
los veo adentrarse.
Observo sus juegos,
me llegan sus fuegos.
Los veo inconcientes,
distantes sus mentes.
Paupérrimo encuentro
de amores que han muerto.
están encajados,
mezcladas sus pieles
doradas de mieles.
Están derramados,
fundidos en uno,
amorfas sus carnes,
quebradas sus partes.
Los veo tocarse,
los veo adentrarse.
Observo sus juegos,
me llegan sus fuegos.
Los veo inconcientes,
distantes sus mentes.
Paupérrimo encuentro
de amores que han muerto.
Anatomía
Quién pudiera sumergirse
en el cielo de tus ojos,
asomarse a tus pupilas,
adherirse a tus retinas.
Y salir como una grulla
para luego retornar
a la cueva de tu boca,
que me entibia y humedece,
que me empapa tantas veces
como el mar sobre la roca.
Quién pudiera deslizarse
en la pendiente de tus brazos
y llegar hasta tus manos,
y fundirse entre tus dedos,
y en volcánicos ataques
saciar todos los anhelos.
Quién pudiera como flecha
adentrarse en tu pecho
y lamerte las heridas
que están vivas todavía.
Y curarte, y salvarte,
como diosa, rescatarte.
Quién pudiera... mi amor,
en los surcos de tu piel,
echar raíces.
miércoles, 21 de julio de 2010
Sabias manos
martes, 20 de julio de 2010
Viajero
(A la memoria de Alfonsina Storni)
A tierras lejanas
emprendes tu marcha,
viajero que buscas
reposo y olvido.
A mares con aguas
de dudosa calma,
de playas con muelles
y barcos hundidos.
Pálidas sirenas
querrán seducirte,
querrán amarrarte,
llevarte a nadar.
Y como un efecto
de hipnosis divina,
quedarán tus ojos
fijos... fijos en el mar.
¡Piedad!

Estacionada en la puerta de tu cuerpo...
te espero.
Derramada en la sombra que proyectas...
te anhelo.
Abatida en las islas de tu reino...
me entrego.
¡Te piedad, hombre duro!
Me rindo ante tus armas,
invádeme a tu antojo,
usurpa lo que quieras,
¡violenta mis cerrojos!
¡Ten piedad, hombre duro!
Condúceme hasta tu cuerpo,
manióbrame el esqueleto,
pulverízame en un abrazo,
¡no ves que te amo!
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